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43º33’17.80”N 6º05’3.79”W

El «Punta Rubia» custodia el fondo de la ría

2011 / 09 / 28

Los restos del buque, en cuyo hundimiento murieron 4 tripulantes, cumplirán en 2012 60 años enterrados en los lodos del Nalón

Los peligros de la mar en la barra de San Esteban de Pravia (Muros de Nalón) son viejos conocidos de los marineros de la zona. A lo largo de la historia, las difíciles condiciones de acceso a la bocana de la ría del Nalón han sido causa de numerosos siniestros. Alguno de ellos tan graves como el naufragio del vapor Retuerto, acaecido en 1927 y que costó la vida a dieciséis de sus veintiún marineros. Sin embargo, el paso de los años hizo que estos sucesos fuesen olvidados casi por completo. No obstante, el papel amarillento de viejos periódicos esconde relatos marcados por el infortunio. Tal es el caso del hundimiento del Punta Rubia.

El 27 de enero de 1942 el mundo se encontraba inmerso en la vorágine de la Segunda Guerra Mundial. Las aguas del Atlántico se habían convertido en un lugar más hostil que de costumbre. De todos modos, los buques mercantes españoles seguían haciéndose a la mar. El vapor Punta Rubia se encontraba ese día en el puerto de San Esteban de Pravia. El estado de la mar no era el mejor pero su patrón, Ramón López, era un habitual de estas latitudes.

En torno a las doce y media del mediodía, cuando el buque estaba a punto de abandonar el canal de salida del puerto, un golpe de mar produjo una avería en el timón. El resultado fue catastrófico. El Punta Rubia quedó sin gobierno a merced de las olas y la corriente, que lo arrastraron contra el espigón este de la bocana de la ría. La tripulación no pudo hacer nada, tan sólo tratar de salvar su propio pellejo. Durante el siniestro perdieron su vida el segundo habilitado Miguel Sicero, el fogonero Pablo Ituriza y el cocinero Antonio Rodríguez. Asimismo, también falleció Delfín Menéndez Seijo, práctico del puerto murense e hijo del maquinista Plácido Menéndez Riera, inspector por aquel entonces de la Junta de Obras del Puerto de Avilés.

Tras el accidente se intentó reflotar el buque sin éxito. Las labores de recuperación fueron abandonadas apenas dos días después. Desde entonces, los restos del Punta Rubia descansan al este de la bocana de la ría del Nalón. El difunto buzo José María Peláez Prieto, Peltó, recordaba en 2008 que el pecio del Punta Rubia se encontraba, probablemente, oculto por los sedimentos y los áridos arrastrados por el río y las corrientes marinas. Asimismo, advirtió de que en la misma zona también se encontraban los restos de una draga hundida intencionadamente durante la Guerra Civil.

El Punta Rubia había sido botado en 1918 en Port-du-Bouc (Francia), bajo el nombre Cigale II. En origen se trataba de un patrullero de casco de acero perteneciente a la Marina francesa. El buque poseía 39,45 metros de eslora, 7,68 de manga, 4,30 de calado y 3,75 de puntal. Movía 368 toneladas y alcanzaba una velocidad máxima de 14 nudos. Tenía capacidad para albergar a doce tripulantes. En 1922 fue adquirido por la naviera española de V. de Garay y fue rebautizado como Elgueta. Trece años después pasó a manos de E. Freixas, quien lo renombró de nuevo como Mari Begoña.

El 18 de julio de 1936, el buque se encontraba en el puerto de Bilbao. La Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi se hizo cargó de él y en febrero de 1937 lo denominó Iruña. El vapor fue modificado para convertirlo en un bou artillado que estuvo comandado por el oficial Ángel Gabiña Andraca hasta marzo de 1937. El 19 de junio del mismo año, el cinturón de hierro de Bilbao sucumbió al empuje de las tropas rebeldes, que apresaron al Iruña cuando éste se encontraba amarrado en puerto. El vapor fue artillado de nuevo y recibió el nombre de Virgen de Begoña. Finalmente, fue desarmado en 1940. Un año después pasó a ser propiedad de Abra bajo su nombre definitivo, Punta Rubia. Su historia guarda ciertas similitudes con la de otro buque de su época, el Castillo Monforte. Construido en 1912 por S. P. Austin & Son en Wear Dock (Gran Bretaña), fue apresado en 1937 por la marina franquista en el estrecho de Gibraltar. Tras pertenecer al londinense Gory Colliers, el buque había sido vendido en 1934 al armador griego J. G. Livanos. El vapor formó parte de la flota rebelde hasta 1942, año en que fue adquirido por la Empresa Naval Elcano.

Habitual en el puerto de San Esteban de Pravia, el Castillo Monforte sufrió un percance similar al del Punta Rubia durante la primera mitad de los cuarenta. Sin embargo, en esta ocasión, la embarcación embarrancó transversalmente en la bocana de la ría del Nalón, imposibilitando el paso de otros buques. Por aquel entonces, la actividad era frenética y llegó a barajarse la posibilidad de dinamitarlo para no estrangular el tráfico mercante. Finalmente, el vapor pudo ser rescatado y finalizó sus días en 1969, año en el que fue desguazado bajo la denominación Jalón.

San Esteban de Pravia

(Muros de Nalón),

Ignacio PULIDO

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